El cuerpo de las mujeres debe ser reconocido y respetado como un espacio de autonomía, igualdad, dignidad y libertad para la toma de decisiones. Ninguna institución o persona puede arrogarse el derecho de ejercer violencia, coerción o imposiciones sobre él, independientemente de la edad de la mujer, de su situación social, raza, identidad de género, creencia religiosa o cualquier condición. La capacidad de las mujeres de decidir libremente sobre su espacio corporal, dice relación con el ejercicio de su ciudadanía plena.
Recordemos que el cuerpo se encuentra protegido por una serie de derechos consagrados en documentos internacionales de valor mundial, comenzando por la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ya que con ello se busca garantizar la práctica de la libertad y la autodeterminación humanas.
Sin embargo, frecuentemente el cuerpo de las mujeres es objeto de innumerables prácticas de dominación y subordinación, como por ejemplo, la maternidad forzada y la negación del aborto libre y seguro, la violencia sexista en todas sus expresiones, el trabajo precario y a menudo en modalidades esclavizantes, la imposición de modelos estéticos irreales y la manipulación perversa de la imagen de la mujer en los medios y en la publicidad, la manipulación de etapas vitales tales como el embarazo, el parto y la menopausia por parte del sistema médico, etc.
Esta apropiación y control del cuerpo de las mujeres ha sido el camino históricamente utilizado por el patriarcado para negar la igualdad plena entre los sexos y para instaurar, a partir de ello, diversos mecanismos de exclusión que incluso hoy, en el tercer milenio, siguen firmemente instalados en nuestras sociedades. El contrato matrimonial y la institución familiar han sido las expresiones más potentes de dicha apropiación, siendo las mujeres subordinadas al padre, en primer lugar, quien aparece en la plenitud de sus privilegios, y a los hermanos, tíos, abuelos y otros parientes masculinos. Para luego ser “traspasadas” al dominio del esposo e incluso al de los hijos varones. Y en su salida a lo público, la discriminación persiste y se expresa en modalidades igualmente perversas: desigualdad en el trabajo y la educación, en el trabajo, en la participación social y política, etc. La permanencia de esta subordinación ha sido favorecida por sinnúmero de factores: la cultura patriarcal, la educación sexista, los modelos de familia tradicionales, el discurso religioso, etc.
Pero sin duda, los reclamos sociales de las mujeres expresados desde hace siglos, finalmente han resquebrajados los cimientos de este sistema excluyente y violatorio de los derechos humanos, y han abierto sendas por donde transitar para la búsqueda de una auténtica justicia de género.
La Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe abre este blog con el deseo de aportar, desde la difusión e intercambio de información, a esta búsqueda de una sociedad más incluyente, no discriminatoria y respetuosa de la igualdad entre mujeres y hombres. Queremos, con ello, ofrecer un espacio abierto al diálogo. Queremos aportar para que las mujeres decidan por ellas mismas, aquello que crean mejor para su vida y para su cuerpo.
Abordaremos temas centrales tales como el aborto, la violencia sexista, la diversidad sexual, la salud de las mujeres a lo largo de su ciclo vital, los condicionantes sociales de la salud, etc., desde una perspectiva centrada en los derechos humanos y en el género. Y les invitamos a hacerse parte de este canal informativo.





La libertad de decisión es un concepto que hace mucho sentido, en especial a la gente joven. Hay que garantizar que esta libertad aplique a aquellas decisiones que aluden al cuerpo, territorio que muchas veces no se considera como un espacio para el ejercicio de derechos.