Patricia Olea y Ana María Órdenes, directoras de Solidaridad y Organización Local, SOL, de Región Metropolitana en Chile, feministas y activistas de extensa trayectoria, enfrentaron este año un inmenso desafío: dar contención a las mujeres que concurrieron a su ya tradicional escuela de capacitación que ofrecen a mujeres de organizaciones de base, quienes en esta oportunidad requirieron algo distinto. Y no es raro, muchas de ellas procedían de las regiones asoladas por el terremoto y posterior tsunami que afectó al país, experiencia que las marcó profundamente.
Nos relataron esta experiencia que les implicó conocer de viva voz el sufrimiento experimentado, pero que también les significó enorme satisfacción por haber podido ayudar a muchas de las compañeras, entregándoles el tan necesario soporte emocional. Compartimos una breve conversación con estas compañeras, en la cual relatan el desarrollo de la Escuela SOL. Fue publicada en Revista Mujer Salud 1-2010.
¿Con quienes trabajan preferentemente, mujeres de diversas regiones?
Ana María. Usualmente trabajamos con mujeres de Región Metropolitana y del Bio Bio, Maule y Araucanía, es decir, justamente las localidades más afectadas por el terremoto del pasado 27 de febrero. Con ellas mantenemos un vínculo histórico, de tal forma que cuando ocurrió este desastre, las llamamos, una a una, hasta saber qué les había ocurrido y cuáles eran sus necesidades. Pensamos que era más importante que nunca que ellas estuvieran presente en la escuela que hacemos todos los años y, efectivamente, nos pedían que esta comenzara cuanto antes, que la necesitaban como nunca. Habitualmente la realizamos en marzo, pero esta oportunidad fue en abril justamente para abrir la posibilidad de que asistieran aquellas mujeres que habían estado en medio de la crisis.

Compartiendo un descanso en la Escuela SOL 2010
¿En qué consiste esta escuela, cuál es su objetivo?
Patricia. Este es un espacio para mujeres donde lo más importante es fortalecer los vínculos entre nosotras, tanto en lo personal como organizacional, puesto que creemos que esto da fuerzas al movimiento de mujeres, le da cohesión. Pero también nos interesa actualizar los conocimientos, hacer análisis de la coyuntura política, intercambiar las experiencias de las organizaciones presentes, etc., para ir enriqueciéndonos en esta articulación. A menudo la contingencia nacional nos indica por dónde tenemos que ir avanzando, fue así como en el año 2008, cuando ocurrió una serie de hechos en torno a la anticoncepción de emergencia, la que intentó ser prohibida en su distribución por sectores ligados a la derecha y a la Iglesia Católica, eso nos indicó la necesidad de trabajar el tema de la salud de las mujeres, del cuerpo, de la autonomía de decisión.
Esta vez nuestra intención era actualizar el tema de la violencia contra las mujeres, en sus distintas expresiones y analizar las respuestas que se han dado desde el aparato público. Sin embargo, la catástrofe ocurrida en estas regiones y que de hecho ha afectado a todo el país, nos indicó la necesidad de trabajar lo que es la intervención en crisis, en situación de desastre. Nos vimos impulsadas a armar un taller específico de autocuidado, enfocado en las demandas que implica la reconstrucción para las mujeres. Y no estamos hablando solo de la reconstrucción material de las casas y las ciudades, sino de la reconstrucción de las familias, de los grupos humanos. Consideramos que era muy urgente responder en este sentido, pues ya estamos escuchando que el gobierno actual hace un llamado a las mujeres y las retrata como el pilar del proceso de reconstrucción, es decir, hay un peso muy grande sobre ellas. Fue así que nuestro enfoque de autocuidado e intervención en crisis, no puede separarse del analisis político, ya que el terremoto ocurrió en un momento específico de nuestra historia como país, con la instalación de un gobierno de derecha y donde el empresariado está ampliamente representado. Es decir, este ha sido además un verdadero terremoto político… Y ese análisis pudo hacerse con mucha fuerza pues las mujeres con quienes trabajamos, tienen un compromiso social y político, tienen una trayectoria en sus respectivas organizaciones y comunidades.
Y por supuesto abordaron el tema de la violencia contra las mujeres…
Patricia: Sin duda, una de las cosas en que más hicimos énfasis es que en los tiempos de desastre aumenta el fenómeno de la violencia en general, y en especial la violencia contra las mujeres y las niñas, quienes deben estar alertas frente a este fenómeno. Y, efectivamente, ya existe la constatación de que han aumentado los casos de abusos contra menores, por ejemplo, a través de la página web de la Red Chilena contra la Violencia Doméstica y Sexual nos llegan muchas informaciones en este sentido, casos donde hay abusos del padre, del abuelo, etc. También ocurrieron femicidios exactamente en la semana posterior al terremoto en las zonas devastadas. Y hay más violaciones. Lamentablemente, esto sabíamos que podía suceder, es algo que se ha documentado en distintos países como fue el caso de los terremotos de Turquia, de Haití, o con el Huracán Katrina en Estados Unidos. En todos estos casos las denuncias sobre agresiones violentas se incrementan, y el 90% corresponde a agresiones sexuales contra mujeres de distintas edades, agresiones que incluso proceden de las fuerzas de paz que coloca Naciones Unidas.
Ana María. A partir de estos antecedentes, estimamos urgente e importante dar a conocer a las mujeres la información para que se preparen, para que generen sus propias estrategias y las compartan en sus comunidades. Deben estar concientes de estos fenómenos que afectan con tanta fuerza a las mujeres. Asimismo, y respecto del acceso a insumos de salud reproductiva, por ejemplo condones y anticonceptivos, efectivamente se ha documentado que hay muchas restricciones e incluso ausencias de algunos elementos, como los preservativos. En los aportes que llevamos como Coordinadora 8 de marzo a la región del Maule, los anticonceptivos fueron especialmente valorados por las mujeres, y por supuesto por las adolescentes que tienen menos acceso a servicios de salud sexual y reproductiva.
Pero hay otro tema que debemos analizar, y es la forma en que las organizaciones no gubernamentales, las organizaciones sociales en general, están siendo invisibilizadas en el proceso de reconstrucción, a pesar de que no han dejado de hacer su aporte permanente para reconstituir al país a partir de su experiencia de trabajo en la comunidad. Y, por otra parte, el programa de reconstrucción del gobierno llama y demanda a las mujeres para que asuman como el “Pilar de la Reconstrucción”, sin entender que las mujeres están, literalmente, reventadas, sin tiempo ni espacio para descansar y resolver sus propias necesidades. De allí que en esta escuela hicimos un fuerte énfasis en el trabajo de cuerpo, haciendo sesiones de Reiki, masajes, biodanza, etc. Es decir, varias terapias alternativas que las ayudaron a este proceso de recomponer su estado anímico. Y nos decían, “esto es un regalo para nosotras”.

Un espacio de crecimiento
Paty. Efectivamente, las mujeres siempre estaremos en la primera línea de la recomposición de las estructuras familiares y comunitarias, pero tenemos que poner los límites y saber hasta donde podemos llegar. No podemos ni debemos asumir aquellas tareas que tienen responsables y que no pueden ser delegadas en nuestros hombros. Debemos hacer un análisis y una crítica social y política, pues hay demandas que deben ser recanalizarlas hacia donde corresponde, hacia los gobiernos locales, las gobernaciones, las municipalidades, las intendencias, etc. Ellos tendrán que hacerse cargo pues es su rol, y nosotras, las mujeres, no podemos llenar los vacíos que dejan en su gestión pública. Ese fue un punto que tocamos insistentemente en nuestra escuela, las organizaciones no tenemos de dónde aportar para reconstruir casas, por ejemplo, si estamos en total carencia nosotras mismas, y no es nuestro papel. O sea, este es un reclamo político y así deben entenderlo las mujeres, hay que organizarse para presionar a los centros de poder que corresponden. Es muy importante que la gente en sus comunidades se organice para reclamar sus derechos.
¿Qué aspectos analizaron en relación al gobierno actual?
Anita. Llevamos como documento de trabajo el programa de gobierno de Piñera para analizarlo, hacer reflexión política respecto de su postura en el tema de las mujeres, qué está proponiendo ante el país. Y la realidad es que en su programa no hay nada beneficioso, nos dimos cuenta que las mujeres estamos ausentes de sus propuestas, salvo en nuestro rol en las familias, cuidando a los hijos, sosteniendo lo doméstico, pero las mujeres en su individualidad, desaparecemos. Asumimos, entonces, la necesidad de prepararnos para lo que viene como propuesta de políticas públicas. En el tema de violencia, creemos que los centros de acogida para las mujeres agredidas, por ejemplo, es probable que tiendan a desaparecer, no serán una prioridad para esta administración. “Van a ser sometidos a una profunda evaluación”, dice el programa, en lugar de plantear su ampliación y reforzamiento. Es decir, tenemos que defender estos avances, ni un paso atrás respecto de ellos.
¿Cuántas mujeres asistieron y de cuántas organizaciones?
Patricia. Fueron casi 50 mujeres de 28 organizaciones, de ellas, muchas jóvenes y eso fue muy reconfortante. También fueron mujeres mapuches, que compartieron con nosotras el tema de la pérdida de organización en las comunidades indígenas, cuando la población comienza a emigrar en busca de mejores condiciones de vida. Pero estas jóvenes salieron de la escuela con la firma decisión de articularse y replicar estos contenidos, pues los valoraron en toda su extensión. Les llamó la atención, por ejemplo, la forma en que hablamos de temas diversos, del cuerpo, de la sexualidad, etc., lo que no es común en su cultura.
Pero tenemos que reconocer que esto también nos enriquece mucho a nosotras. Compartir cuatro días reflexionando, conversando, apoyándonos y pasándolo bien, es algo maravilloso. Algunas compañeras lloraban porque no querían regresar a sus comunidades, tenían miedo de enfrentar nuevamente el desastre y las carencias que dejaron el terremoto y tsunami. Para otras fue una instancia de crecimiento y de actualizar información, de generar vínculos.
Ana María y Patricia. Sin duda fue distinta esta escuela porque el contexto del terremoto nos trastocó toda la planificación anterior. Tuvimos que detener el material que estábamos compartiendo sobre violencia, y darle un giro total al desarrollo de la escuela. Las mujeres necesitaban hablar, del gobierno, del terremoto, de sus pérdidas, de sus angustias y cansancios, de sus frustraciones, señalaban: tenemos que unirnos y estar juntas, dejar de lado nuestras diferencias, articularnos.
Este espacio de conversación y la riqueza que se produce aquí no lo podemos perder. Esta es una escuela que se realiza desde hace más de 15 años, y que se constituye en un espacio vital, a tal punto que las mujeres se “pelean” los cupos y en la que nos revitalizamos mutuamente.